Entre camellos y jamones

Lo que empezaba como una misión comercial, 'El Jamón de los Titanes', acabó con Lamarca cruzando por segundo año la meta de la carrera mundial más dura.

 
Pablo Laynez | Actualizado 07.05.2015 - 05:02
 

No hay plato más apetecible en cualquier comida que se precie que una buena ración de jamón. Cortado en finas lonchas, el paladar disfruta de un contraste sinigual de sabores en ese momento de la salivación. Sin embargo, ¿quién sabía que la pata del cerdo es un alimento óptimo para la dieta de un deportista total? Retención líquidos, aporte de sales, suplemento vitamínico... Todo ello se encargó Antonio Lamarca de explicarlo al pelotón que año tras año repite en la carrera ciclista más dura del mundo, la Titan Desert.

El Jamón de los Titanes. Ésa era la misión comercial que el almeriense iba a desarrollar en las jaimas que siguen a esa prueba sacrificadísima que se celebra por el corazón de uno de los rincones más infernales, pero a la vez bellos del planeta tierra: el Atlas marroquí. Pero a Antonio le cautivó la experiencia el pasado año y en 2015 no quería ser una mera comparsa, no se veía sólo cortando jamón para los deportistas. A sabiendas de que un ciclista necesita descanso y un cortador de jamón concentración, el almeriense desafió a la fisiología humana con un horario que no hay reforma laboral que lo acepte: por la mañana hacía una media de cien kilómetros en bicicleta y por la tarde se ponía su traje de gourmet, afilaba sus cuchillos y comenzaba el tapeo en el pelotón de la Titan Desert.

"Hablé con Carlos Golbano [exciclista almeriense] para realizar un entrenamiento exigente para que el cuerpo se acostumbrara al nivel de exigencia que iba a tener. Los tres primeros días me quedé alucinado porque iba entre los 50 primeros, puestos que ocupan los ciclistas profesionales", asegura el almeriense en cuya cabeza hay sitio para algo más que jamón y bicicletas: "Cuando ves aquellos lugares, aquellas condiciones de vida y un niño te sonríe, comienzas a apreciar todo lo que tienes. A ellos no les falta de nada, son felices jugando con dos piedras y viviendo de lo que le dan tres cabras. Se te cae el alma al suelo cuando vas en una bicicleta tan cara y a tu lado hay un niño desnudo", dice con un tono cargado de emotividad.

Por si la dureza de la prueba ya era poca, Antonio iba a tener un par de problemas extras. Además, llegaron a la par. El primero llegó en la tercera etapa, cuando el almeriense soñaba con realizar la carrera de su vida y aguantar en el grupo de los favoritos. En ese momento, escuchó un crack en la bicicleta. "Se me rompió la tija del sillín en el kilómetro 3, no podía arreglarla porque era de carbono y tuve que hacer 116 kilómetros de pie. Estoy seguro que cualquier persona de allí me habría dado su bicicleta para haber terminado esa etapa porque son gente muy hospitalaria", pero se encontró solo en mitad de llanuras de tierra y polvo, y no le quedó otra que apretar los dientes: "Se me inflamaron las piernas por la retención de líquidos, me quedé sin uñas en los pies y tuvieron que hacerme una sangría para sacar la sangre que se me acumuló. Al llegar a meta, me desmayé y cuando abrí los ojos había centenares de personas aplaudiéndome y vi hasta a los médicos llorando". Cinco minutos después de haberse recuperado y reforzado su mente, "en la que no existe la palabra abandono", Antonio volvió a su stand El jamón de los Titanes.

Si esto ya les parece un problema que el común de los mortales no podría superar, hay que unirle una alergía a la lana de camello que afectó ostensiblemente a Lamarca. "Todas las jaimas donde dormíamos y nos resguardábamos eran de ese material. El primer día no lo noté, pero el segundo noté que se me inflamaban las vías respiratorias y no podía respirar. No me quedaba otra que soportarlo porque fuera no podía dormir, ya que estábamos a -4º por la noche", lo que obligó a Antonio por motivos de salud a poner pies en polvorosa nada más cruzar la línea de meta: "Los médicos me dijeran que me fuera. Así que fue terminar la Titan, subirme al coche sin duchar y sin nada y montarme en el barco hacia Almería con el maillot y el gorro todavía puesto", y con un meritorio puesto 130 grabado a fuego en su corazón.